Aún recuerdo el día en el que, decidida, acepté irme a Tailandia. Me dije a mi misma: ''a la mierda todo, es Asia''. Y todo se fue a la mierda en ese momento. Semanas después estaba tomando un vuelo hacia Dallas, otro más a Japón y uno más a Tailandia.
Me he cansado de escuchar que todo sucede por una razón en especial. Hoy día puedo decir que he roto mi propio sueño, el que yo misma estaba decidida a cumplir. No voy a cumplirlo pues gracias a este viaje sé que estaba tomando una decisión incorrecta.
Cuando miré hacia la ventanilla del avión en el vuelo Dallas-Japón sentí unas inmensas ganas de llorar.
- Estaba cerca de Shindy.
- ''Mi sueño es tan solo pisar Japón una vez en mi vida'', y ahí estaba, pisando Narita.
- De una u otra forma mi sueño de vivir en Asia se estaba cumpliendo.
¡En fin! El viaje fue uno de más de 30 horas, increíble, ¿verdad? Llegué sucia, maloliente, como vagabunda, pero llegué. Y la temperatura era bochornosa, yo llevaba un pans. Fue terrible, tanto que de camino al hotel tuve que quitarme la chaqueta.
El camino hacia el hotel duró aproximadamente 40 minutos. Quizá estaba más cerca y se me hizo el camino tan infinito, creía que jamás iba a llegar. Tras llegar, de forma muy amable, todos nos recibieron. ¡Ah! ¿Qué puedo decir de los chicos y las chicas? Su servicio fue fenomenal en esas dos semanas de estadía en el hotel Four Points by Sheraton, en Sukhumvit 15. Aún recuerdo la dirección. Aún recuerdo cuando me ''enamoré'' del chico que llevó mi cena a la habitación. Aún recuerdo cuando Pek me informó sobre el concierto de Lady Gaga. Aún recuerdo las noches que bajaba a cenar y sabían exactamente qué era lo que quería comer. Fueron como esos compañeros que están ahí aunque no puedas verlos siempre.
¿Y qué decir de nuestra guía? Pichi, ese dulce apodo que nos propuso desde el primer día, fue una amiga. De esas amigas que conoces un solo día y te vuelven adicta. De esas chicas a las que jamás quieres dejar ir por su carisma, por su gentileza y amabilidad. Ella compartió algunos de mis gustos y tuvimos la gran oportunidad de charlar una y otra vez. Era realmente linda. Y, lamentablemente, no le tomé o nos tomamos ninguna fotografía.
Ella nos mostró varios departamentos. Elegimos uno, mas no estaba disponible y el segundo fue la dichosa casa de Barbie. Así le llamé pues sus paredes eran de un tono rosa muy tenue y sus molduras blancas. Pero era espacioso y estaba fascinada con mi habitación.
Antes hablé de los lugares que visitamos como el mercado Chatuchak, Terminal 21, Platinum mall, MBK center, el mercado flotante, el gran palacio. Los elefantes, los tigres y el río. Pero, sin duda, creo que las calles de Bangkok son muchísimas y poseen muchas más cosas y secretos que los mismos templos.
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